Sobre el coltán y los hipócritas.
República Democrática del Congo posee el 80% de las reservas mundiales de coltán (acrónimo surgido de columbita y tantalita, minerales frecuentemente asociados en la naturaleza), mena de tántalo: elemento clave de los condensadores electrolíticos. Desde 1998, hasta nueve países africanos han participado en una guerra con entre 4 y 6 millones (dato variable según fuentes) de muertos y otros tantos refugiados: la Segunda Guerra del Congo, la Gran Guerra de África o Guerra del Coltán. Torturas, violaciones masivas y limpiezas étnicas fueron prácticas habituales durante el conflicto. El hambre y las enfermedades (la mayoría curables, pero mortales sin los medios adecuados) contribuyeron especialmente a la cifra de víctimas.
Tras su fin teórico en 2003, persisten la violencia y la violación -grave y continua- de los Derechos Humanos como consecuencia de los enfrentamientos nacionales e internacionales por el control de los yacimientos congoleños de coltán. Explotación laboral y semiesclavitud, destrucción del ecosistema natural, encuentros armados, expolio y tráfico de coltán... La escandalosa historia de los diamantes de sangre -que tanto impactó a la opinión pública a raíz de la película "Blood diamond", de Edward Zwick- se repite con el coltán en el silencio (mientras alguien no haga una película sobre ello, por supuesto).

Todo para que en el Primer Mundo podamos disfrutar libremente de teléfonos móviles, videoconsolas, ordenadores portátiles, televisores de plasma, cámaras fotográficas digitales, PDAs, GPSs, lectores de MP3 o MP4... Luego me viene el típico hippy-guarrillo de ciudad con su móvil, su portátil, su camarita y su Ipod Nano (porque una cosa no quita a la otra y es un tío moderno y puesto en las últimas tecnologías) y me dice que cómo puedo ser tan poco solidaria de comprar en centros comerciales y grandes superficies y que él es un anticapitalista guay y un tipo concienciado porque se viste de mercadillo y de tenderetes.
Hace tiempo un usuario de La Coctelera me quitó de sus amistades y dejó de comentarme y de visitar mi blog porque le dije que era hipócrita criticar con tanta fiereza el sistema capitalista y la sociedad de consumo, pues todos pertenecemos a la tupida red de la globalización y todos formamos parte de este asunto, y que rechazarlo e insultarlo es algo así como una hormiga que odia su hormiguero a la par que lo construye (vamos, una cosa absurda). Que ser un antisistema está muy bien, pero que para ser un antisistema de verdad y no un hipócrita debería dejar su ciudad e irse a vivir a la selva del Amazonas, por ejemplo (y que conste que fui mucho más diplomática en mis palabras de lo que manifiesto aquí). Simplemente lo comenté por motivos como este: algo tan común en nuestra sociedad, como es tener un teléfono móvil, contribuye a que este mundo continúe siendo un pedazo de mierda. Y ya no se trata sólo del socialmente anónimo coltán, sino de un montón de productos de todo tipo que llevamos puestos, consumimos, utilizamos o tenemos en casa y que esconden historias muy negras que la mayoría de la gente -peor aún: la mayoría de los hippies de ciudad- desconoce. Así que lo más coherente, en lugar de echar sapos y culebras por la boca, es dejarse de cinismos -"qué injusta es esta sociedad, pero yo no"- y asumir que uno está aquí chupando del bote como todos (porque está claro que un buen par de cojones o de ovarios para dejarlo todo e irse a vivir al estilo indio amazónico no está al alcance de cualquier mortal de esta parte del planeta).
Que nuestra vida está conectada al enchufe, al agua corriente y a la calefacción, y aunque no tengas coche y te muevas a pernil o en una bici 'cool' con una cestita superchachi que le compraste sin regatear a un indio quechua en una caseta de las fiestas de Villabajo; aunque no pises "El Sablazo Británico" porque sólo te mole la tienda de barrio "Manoliwear" o el rastro de los domingos; aunque separes tu basurita y uses papel reciclado para limpiarte el culo, o aunque digas que a ti un solo par de pantalones te dura 30 años, estás viviendo aquí, en este mundo privilegiado, y tienes tu casa de cemento, de aluminio, de madera, de PVC y de cerámica, y el 99% de tus cosas tiene un origen industrial. Así que no me vengas con que tú no consumes y no participas del sistema porque estás aquí, estás metido en él hasta el cuello, y el mero hecho de estar aquí -por muchas chuminadas que hagas para justificar tu ataque verbal contra él y por mucho que creas que el hacerlas te da derecho a atacarlo- lo alimenta y te hace igualmente responsable.
He dicho.



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charlitox dijo
Bien dicho, Anita, me alegra mucho verte de nuevo por aquí!!!
Vi la película Diamantes de Sangre y me impactó, no sé si hay película del Coltán, pero sí hay libro, creo. Bueno, bienvenida, unos vienen y otros van, yo me voy de viaje, de vacaciones por fin!!!
Besos
15 Agosto 2010 | 02:49 PM